Rascacielos de madera y conectados: la revolución en la construcción para contaminar menos

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Por Marta Sanz Romero, portal El Español. Los edificios consumen una cantidad de energía importante. Tanto su construcción como funcionamiento suponen un serio problema para el medioambiente. Para abordar una arquitectura más sostenible han desarrollado un sistema que une la madera con la inteligencia artificial y las energías renovables en la creación de los primeros edificios con huella de carbono neutra. Un estilo de construcción que también se está adoptando en España.

Tras décadas siendo los materiales más confiables para crear rascacielos, el hormigón y el acero quedan relegados por el nuevo material de moda, la madera. Con ella se evitan las emisiones de CO2 producidas en la construcción y se consiguen espacios de una belleza imponente.

Tras la construcción con materiales más sostenibles, los edificios se revisten de tecnología puntera y fuentes de energías renovables para mantener su funcionamiento y parte del barrio que les rodea eliminando el coste energético que suponen estos inmensos edificios. Así trabaja una nueva generación de arquitectos más concienciados con el medioambiente.

Construcción en madera

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 han presumido de diseño lo mismo que de deportistas. En el centro de gimnasia Ariake la madera está por todas partes: la estructura y la fachada, hasta los asientos de los espectadores. Es un ejemplo de estructura sostenible como otros muchos edificios que empiezan a destacar en el mundo, en Barcelona se ha usado para construir un edificio de viviendas cooperativas, por ejemplo.

Interior Edificio cooperativo La Borda, Barcelona

A kilómetros de distancia, en Noruega, el edificio Mjostarnet de Brumunddal tiene 85,4 metros de altura construidos con madera. No solo se busca el diseño, sino alcanzar unas alturas cada vez más parecidas a los rascacielos más famosos, pero con características sostenibles.

También con este objetivo se ha dado vida al centro cultural de Skellefteå, en Suecia. Se eleva unos 75 metros y es un centro cultural y hotel de vanguardia que persigue tener huella de carbono negativa gracias a la combinación de sus materiales con la tecnología que lo gobierna de forma autónoma.

Centro cultural Sara, Suecia

La madera obtenida de los bosques locales es un material de construcción más limpio, al contrario que el acero y el hormigón que suponen el 8% de las emisiones de dióxido de carbono producidas por el ser humano, según el grupo Chatham House. Esta materia natural se utiliza para crear módulos 3D prefabricados en madera laminada cruzada (CLT) que dan forma a la construcción.

El centro está formado por columnas y vigas de madera laminada encolada (GLT) así como núcleos y muros de corte en CLT. El uso de este material no solo supone menos contaminación, sino también un tiempo de construcción más bajo, un 60% más rápido.

Centro cultural Sara, Suecia

Para que el proceso sea más sostenible es necesario que la fuente de madera sea lo más cercana posible, evitando así la contaminación por el transporte. Además, hace falta un plan de protección y regeneración de los bosques que nutren de madera esta nueva arquitectura.

Funcionamiento inteligente

Tras la construcción, toca plantearse cómo mantener el funcionamiento de estas edificaciones sin recurrir a combustibles. La iluminación, ascensores y sistemas de climatización entre otros aspectos, convierten a los rascacielos en monstruos contaminantes.

Alrededor del 40% de todo el consumo de energía y una proporción similar de las emisiones de gases de efecto invernadero corresponde a los edificios. Y por si esto no fuera suficiente, el centro Sara Kulturhus explica que el 30% de esa energía se desperdicia.

Con la intención de evitar ese coste ambiental, el centro Sara Kulturhus se ha equipado con paneles solares, baterías y una bomba de calor que funciona con electricidad, agua y calefacción urbana. Incluso el sistema de rociadores, que en la mayoría de los edificios suele funcionar con diésel, funciona con energía renovable.

Centro cultural Sara

Los 20 pisos de este edificio se controlan con inteligencia artificial que, de forma autónoma, gestiona el consumo de la energía empleada en su funcionamiento. «Si hay un autobús eléctrico que necesita recargarse en la estación de autobuses al lado del centro cultural, entonces podemos disminuir nuestro uso, por ejemplo, del sistema de calefacción del distrito, y en su lugar usar energía de la batería Northvolt».

Así combinan distintas fuentes de energía para realizar un uso más responsable y contribuir a mejorar el barrio que les rodea. La inteligencia artificial «proporciona una supervisión y calibración constantes de la producción, el consumo y el almacenamiento de energía».

Sara Kulturhus en Suecia

Cuando tienen exceso de energía, la destinan a otros servicios de la ciudad o la almacenan para los próximos días. Así pretenden conseguir en los próximos 50 años la meta de ser un edificio con huella de carbono negativa y compensar los bajos niveles de contaminación que se ha producido para construirlo.

De principio a fin la arquitectura se convierte en una aliada de la naturaleza, representando una nueva era más concienciada con el cuidado del medioambiente. El centro cultural Sara promete tener una vida útil de más de 100 años, tiempo en el que estas edificaciones deberán demostrar que su diseño puede mantener la huella de carbono negativa que han prometido para su construcción.

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